
A veces amanezco
y el corazón me pesa más
que de costumbre;
entonces
intento aborrecer lo que de ti persigo:
boca, corazón, fuente de piel,
intento odiarte a ti como a enemigo.
Pero no,
no eres tú la causa de mi mano sola
ni de que me duela la piel
de tan intacta.
(Tú sabes...
siempre buscamos chivos expiatorios.)
Julieta Arteaga